Basta de Violencia: El hincha y el deber de morir para reencarnar en el salvador del Futbol.

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Aquello que alimenta nuestro orgullo como hincha esta matando al deporte que amamos. Los barras son la cara mas despreciable de una bestia que necio pequeña pero que creció hasta devorar la escancia del deporte rey en la Argentina. Para colmo hasta en los propios medios vive la traba mas grande para la solución del problema, el demonio de la legitimación. 

Es muy complicado dominar las emociones personales, Muchas veces somos presos de nuestros impulsos y al equivocarnos pagamos las consecuencias a un precio altísimo. Resulta aún más complejo dominar los actos equivocados de las otras personas. Es difícil decirle al otro (por ejemplo un amigo, un pariente o la propia pareja) que no debe reaccionar de forma incorrecta ante una determinada situación. Pero sin lugar a dudas ninguno de estos escenarios se compara con lo aplastante y frustrante que resulta la tarea de encausar las emociones desenfrenadas de las personas como masa.

El periodista deportivo en la argentina tiene una misión complicadísima, dura y a su vez, como dijimos antes, frustrante: Intentar cambiar la idiosincrasia del hincha argentino.
Esto, que puede sonar una herejía para muchos futboleros, es en donde hay que atacar. Es verdad que los violentos son un grupo asilado, es cierto, el 95% de la gente solo va a ver a su equipo, alentar y pasar un buen momento. Pero los violentos surgieron por algo. Existe violencia en el futbol porque hay un clímax general, también llamado folclore, que reproduce hasta el hincha más tranquilo y pasivo que existe.  El folclore del futbol hoy en día alimenta al demonio de la legitimación.
Todas las expresiones desmedidas en forma de juego forman parte de ese folclore que no es más que la base donde se monta el odio, la bronca y la violencia que ya ha alcanzado niveles corporativos en las barras.

El hincha en masa quiere defender sus colores, está identificado con ellos y cree, gracias a 50 años de discursos inútiles, que a partir de la violencia simbólica y verbal (no necesariamente física) expresa ese sentimiento incondicional hacia lo que es parte de él. ¿Está equivocado quien piensa así?, ¿Por qué?, si “defendiendo a mi club” no me hago más hincha, ¿cómo demuestro mi pasión?

Señores, hoy en día, quieran o no, en la violencia hay fútbol. Hay que vaciar a la violencia de fútbol y empezar a poner fútbol en otros lugares. En lugares asociados al disfrute, al goce, a la alegría, al respeto, a las buenas intenciones, a lo nacional, a la amistad. Hay que llenar de fútbol a la familia, al hijo pequeño, al restaurante tradicional del barrio, a la buena onda entre gente de clases sociales diferentes, a camaradería incondicional dentro de la cancha, a la amistad. Llenemos de fútbol aquellos lugares que en definitiva son legítimos porque hoy en la violencia hay fútbol, pero el fútbol no es violencia. El fútbol, como dijo quien mejor jugo este deporte en la historia Diego Armando Maradona, “es el deporte más lindo y más sano que existe”.

El público como masa debe entender que si no hace algo para que esto no cambie nadie lo va a hacer. Las autoridades de la AFA insultan permanentemente al hincha argentino a través de medidas disciplinarias incomprensibles. La última de ellas, y la más grave de los últimos tiempos, fue la prohibición del ingreso del espectador visitante a los estadios. El hincha argentino, ante esta medida, respondió como un perrito obediente que le lame la mano al dueño. El hincha argentino, que se cree intratable, está siendo estúpido, consecuente y obediente.
En el último clásico River-Boca hubo una oportunidad única para que los argentinos futboleros escupamos en la cara de las autoridades que nos maltratan permanentemente.
Muchos simpatizantes de Boca quisieron ir a ver a su equipo al Monumental de Nuñez pese a la prohibición impuesta por la AFA. ¿Se imaginan la cara que hubiesen puesto las autoridades del fútbol argentino al ver por televisión gente con camiseta de Boca viendo el partido al lado de hinchas con la remera de su eterno rival?, ¿Se dan una idea de que estúpidos, inoperantes e incapaces se hubiesen sentido?  Difícil hubiera sido encontrar en toda la historia de la Argentina (no solo en fútbol) un correctivo tan grande del pueblo hacia las autoridades. Sin lugar a dudas hubiésemos dado un  mensaje al mundo entero: “Los dirigentes argentinos subestiman a los argentinos”.
Sin embargo el hincha reacciono así:
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Muchos dirán que sintetizo la reacción del hincha en los 5 que golpearon a este muchacho. Pero, ¿Qué hincha de River, previo al superclásico, no se molestaba con la idea de que haya gente de Boca en su estadio? Y también se puede preguntar al revés ¿Quién puede asegurar que el hincha de Boca caído no quiso violentar a los seguidores rivales agrediéndolos verbal o físicamente?
Tenemos que entender que hoy en día en la violencia hay fútbol y para rescatar el futbol de aquel lugar tenemos que ser mejores y ser mejores implica cambiar nuestra mente. Esto supone mucho esfuerzo pero si amamos a este deporte tenemos que lograrlo.

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Estamos en crisis. Tenemos una enorme crisis en nuestro fútbol que se ve encarnada en la barra brava. De esta crisis debe salir el pueblo argentino por sí solo, no hay autoridad que lo respalde, de hecho la autoridad es enemiga del pueblo y amiga de la violencia.
La gente debe hacer el buen nombre del fútbol en la práctica y con medias extremas:
-En los amontonamientos en los molinetes hay violencia; si el hincha ve una mujer, una familia con hijos chicos o un hombre mayor debe dejar que pase primero. En la familia debe estar el fútbol.
-En el insulto desmedido a un jugador teniendo un chico de menos de 10 años a cinco metros hay violencia; la cancha no es un lugar para descargar la bronca. En el chico que va a ver a su equipo debe estar el fútbol.
-En el cantar durante un minuto de silencio aunque este sea por la muerte de alguien que no sepamos quien es hay violencia; en el respeto debe estar el fútbol.
-En colgar en Facebook orgullosamente imágenes de la hinchada utilizando bengalas y suspendiendo el partido hay violencia. El “hincha ídolo” no es aquel sino el otro, el que no se ve, el que deja que la pelota ruede.
Hagamos del hincha la figura de los buenos valores del fútbol.

Ridiculicemos a los violentos, que no tengan lugar en nuestra idiosincrasia. El hincha argentino tiene la fuerza para lograrlo. En numerosas ocasiones los seguidores han demostrado intentar separarse del grupo violento, por allí es el camino. Los medios deben mostrar la buena cara del fútbol, de nada sirve repetir el discurso de siempre contra la violencia. El buen hincha de fútbol debe ser idolatrado, debe ser símbolo de la nueva idiosincrasia del hincha fútbol argentino y lo tenemos que empezar a crear desde ahora, sin perder un minuto más en hablar del folclore y caer en el demonio de la legitimación. Estamos solos, en nosotros esta rescatar a aquello que amamos, seamos mejor que los mejores, salvemos al fútbol.

Por Pablo Ruybal.

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