Riquelme “el último gran 10”

Juan Román Riquelme: Clubes que jugó en su carrera (FOTOS)

Antes que nada vale la aclaración: Dejo el protocolo de la correcta redacción de una nota periodística de lado para dar lugar a la primera persona. Pocas situaciones ameritan esto pero quisiera evitar cualquier tipo de traba a la hora de mostrar mis sentimientos hacia el jugador que me hizo enamorar del deporte que me dio a mis amigos, me hizo escoger mi profesión y me transformó en lo que me define: un riquelmista 

Este es un repaso histórico, hecho desde el corazón, por la carrera del jugador más grande que ha dado el fútbol argentino en los últimos 20 años:

 CAPITULO 1: “Riquelme el de Boca”

Algunas cosas son un signo incontrastable del paso del tiempo, de que nos vamos poniendo viejos. Recuerdo como si fuese ayer cuando en 1997 me despertaba bien temprano para ver a los pibes de Pekerman jugar en Malasia. Entre todos ellos había uno en especial que hacía que madrugar valga la pena. En la soledad del living de mi casa, a mis escasos los 9 años, veía, ilusionado, como la pisaba y acariciaba el número 8 de aquel sub 20: “Riquelme el de Boca”.

A partir de la conquista del Mundial Juvenil, ver a aquel pibe que me gustaba tanto entrar al terreno de juego con la camiseta del Xeneize era una victoria en sí misma. Su fútbol era único y así lo entendió la Bombonera desde el primer día. No había otro jugador que haga lo que hacía él, que enamore como él.  Exquisito control del balón, grandísimos pases, mucho criterio a la hora de decidir y pisaditas de ensueño. Ver al “pibe de Boca” convertirse en Riquelme fue sencillamente espectacular, aunque también significó, en gran parte, un gran alivio. Como incipiente futbolero sabía que la verdad del futbol estaba en las botas de aquel chico que seguía muy de cerca, pero ¿Cuántos pichones de crack han quedado en el camino a la hora de dar el gran salto a primera? La magia, por supuesto, no terminaría allí.
Ser lo que se llama un fanático “de la primera hora” de una leyenda es una de las cosas más hermosas que le puede pasar a un futbolero en la vida. Más bello es aún si a uno le sucede esto a una edad temprana.

En 1998 un tal Carlos Bianchi llegó al club de la Ribera. El toque particular del Virrey dio forma al equipo más grande de la historia de Boca: Córdoba Ibarra Bermúdez Samuel Arruabarrena Serna Basualdo Cagna Riquelme Guillermo Palermo. Hubo un momento en donde aquel Boca de Bianchi parecía sencillamente invencible. Riquelme, Palermo y compañía ganaron el bicampeonato 98/99 contabilizando nada menos que 40 partido invictos, el más largo en la historia del Futbol Argentino, dos Copas Libertadores (2000/2001) y una Intercontinental (2000) contra el Real Madrid.

Para ese entonces ya éramos muchos los que teníamos como ídolo al ya no tan pibe de Boca. Riquelme ahora era ROMAN. El 10 que nunca se achicaba, siempre aparecía en los superclásicos, tiraba caños espectaculares como el que le hizo a Yepes o a aquel pobre marcador lateral de Rosario Central. Román era valiente, era un torero que rompía la cintura de los rivales incluso jugando una semifinal de copa y nada menos que en Brasil. El pichón se había convertido en crack. Cada día era mejor, cada vez que entraba en la cancha hacía algo nuevo, cada vez enamoraba un poquito más a sus fanáticos con sus pisadas.

Su fútbol era mágico pero también algo provocador. A lo largo de mi vida tuve la oportunidad de hablar con varios hinchas del Real Madrid y aún recuerdan cuando las superestrellas madridistas Makelele, Guti y Mc Manaman intentaban, completamente en vano, sacarle la pelota a aquel negrito flacucho que parecía que la tenía atada. El mejor partido de la carrera de Riquelme fue, en mi humilde opinión, aquella intercontinental 2000. En otras palabras, el mejor partido de la carrera de Riquelme fue el partido más importante de la historia de Boca. Este es el tipo de reflexiones que me hacen pensar en que el destino existe y que quizás Román estaba llamado a ser, desde un primer momento, el ídolo máximo del club azul y oro.

CAPÍTULO 2: “Preso del tacticismo, dueño del talento”

Su talento llamó la atención de las grandes ligas. En 2002 Román dejó el club de sus amores para entrar por la puerta grande al Fútbol Europeo y jugar en uno de los equipos más poderosos del mundo: El Barcelona. Allí se encontró con un “gran amigo” de todos los riquelmistas, “lucho” Van Gaal. El entrenador holandés fue claro con Riquelme, le dijo: “Cuando usted tiene la pelota es uno de los mejores jugadores del mundo, ahora, cuando la perdemos jugamos con uno menos. A usted lo trajo el presidente y yo lo tengo que respetar pero yo no lo pedí”.

Van Gal nunca entendió a lo que jugaba Riquelme. Intentó que haga lo mismo que hacía el veloz extremo holandés Mark Overmans pero por el otro costado. Van Gal era un auténtico entrenador tacticista cerrado. Quizás esta sea la primer herida que tuvimos los seguidores de Román. Con la 10 del Barcelona jugó algunos buenos partidos pero el empeño del entrenador por hacer prevalecer su esquema sobre el talento individual terminó por no dejar lucir a Riquelme en aquel equipo.

Hay circunstancias que definen el gusto futbolero de unos y de otros. Aquellos que desde un primer momento quisimos a Riquelme conocemos este cuento de memoria. El mismo pretexto que hizo que Román dejara el Barcelona sin pena ni gloria lo alejaba, al mismo tiempo, de la selección de Bielsa. El entrenador de Argentina fue y es un gran técnico pero para los ROMANticos cuando el talento habla los esquemas callan. El fracaso en el mundial 2002 y el alejamiento de Riquelme de Barcelona hizo que la mayoría de los Riquelmistas tomemos al grandisimo entrenador que es Marcelo Bielsa, al gran campeón holandés Luis Van Gal y a todos los entrenadores-científicos (o tacticistas) con pinzas. Conocemos de futbol, sabemos de los méritos de estos entrenadores, pero nuestro ADN es diferente.

Barcelona, fiel a su costumbre histórica, quiso enviar a Riquelme al ostracismo del fútbol. Tal como lo hizo con Maradona en el 84, los catalanes enviaron al “10” argentino a un equipo pobre y pequeño. En este caso no fue el Napoli sino el Villareal.  Pero el talento no se mata ni se calla y Roman llevó al Villareal a clasificar para la Copa de Campeones donde acabaría nada menos que en la Semifinal del certamen más grande de Europa.
Nadie, ni seguidores ni detractores, olvidará nunca aquel penal contra el Arsenal. Algunos grandes en serio como Baggio, Platini y el mismo Maradona han fallado siendo figuras totales desde los once pasos.  Quizás aquel penal que le atajó Jens Lehmann fue la primera muestra de que Riquelme iba a terminar siendo un ídolo fisurado. Como Maradona o como Alí, las masas tendrían elementos tanto como para amarlo como para criticarlo.

CAPÍTULO 3:  10.000 micrófonos contra 1 pelota

Pékerman a la selección Román a la 10. Así podríamos describir le etapa de Riquelme con la celeste y blanca, aunque en un primer momento usó la camiseta número 8. El núcleo de la selección del ex entrenador de juveniles fue Riquelme.
El Monumental se llenó como nunca de hinchas de Boca para ver a Román debutar en el ciclo Pekerman contra Uruguay. Cancha llena, juego lujoso, “Riqueeeelme, Riqueeelme” en las tribunas. Una nueva ilusión estaba puesta en marcha allí. Renovada como nunca la Argentina no defraudó y venció por un contundente 3 a 0 a Uruguay. Esa victoria albiceleste fue disfrutada como ninguna otra hasta el momento por el público que había ido a ver especialmente a Román. Era la victoria del fútbol romántico. Se quemaron los papeles, se dejaron de trazar líneas en el pizarrón, se llamó al talento y se jugó a la pelota.
Sin dudas el partido más recordado en esta etapa Pekerman será aquel 3 a 1 frente a Brasil. Los primeros 30 minutos fue un baile para Argentina. Ronaldinho, Roberto Carlos y Robinho estaban completamente atónitos ante el juego de los Pekerman boys. Lamentablemente, la final de la Copa de las Confederaciones volvió a poner a Argentina con los pies sobre la tierra tras perder por 4 a 1 frente a un Super Brasil con ganas de revancha.

Román llegaba al Mundial 2006 como la gran figura de Argentina. El final es sabido y repetido. La selección, como tantas otras veces, volvió a sufrir a Alemania. Las críticas hacia Riquelme fueron completamente despiadadas. El 10 no había estado a un nivel estelar, pero tampoco había desentonado. Sin embargo, fue señalado como el culpable de la derrota. Las críticas hacia el 10 tuvieron un efecto “Bola de Nieve”. Realmente llegó un momento en el que se le pegaba prácticamente porque sí. A tal punto llegó la histeria antiriquelmista que nadie había advertido que Román había sido sustituido cuando Argentina estaba ganándole el partido a Alemania y nada menos que en Berlín.
Humillado al máximo en programas como Duro de Domar y criticado duramente por analistas especializados en Estudio Futbol su figura pasó al centro de la escena donde tuvo lugar  una batalla que durará por siempre.  Bielsistas empedernidos, Hinchas del futbol Argentino que sufrieron su talento al jugar contra el Boca invencible de Bianchi, críticos frustrados por no haber campeonado en la Copa del Mundo y los contras de siempre encontraron en Riquelme un lugar donde descargar todas sus penas y frustraciones. Así con capa y espada salimos también los riquelmistas a defender a nuestro ídolo que, cansado de la humillación pública, renunció a la selección para que su madre deje de sufrir. Ni siquiera esas declaraciones hicieron callar a la prensa amarillista que se aferró del buen sentimiento de Román hacia su madre para seguir humillándolo.

En medio de la batalla las circunstancias se hacían cada vez más desfavorables para el grupo riquelmista. Colgado en Villareal por Pellegrini y alejado de la celeste y blanca, el futuro pintaba muy oscuro. Pero como en las películas más trilladas de Hollywood cuando todo parecía perdido apareció el súper héroe. Vestido de azul y amarillo Román volvió a las canchas sudamericanas para convertirse en el D10S de Boca.
La Libertadores 2007 será recordada por siempre como la Libertadores de Riquelme. Una copa maravillosa en donde no faltaron las emociones: Gol olímpico contra el Vélez del confeso antiriquelmista Lavolpe; Golazo contra Olimpia en Paraguay; tremenda remontada con un tiro libre romántico en el partido de la niebla frene al Cucuta; y coronación nada menos que con un hat-trick del 10 en la llave final.  Crack entre los Cracks, Roman entró en la historia grande del torneo más importante de América sumando su tercera Copa Libertadores. Si, la tercera, una más que River en toda su historia, algo que los hinchas Xeneizes se encargaron de recordar en los clásicos afiches que inundaron las calles de Buenos Aires con el ídolo endiosado.
Román no necesito ni shows televisivos ni campañas de prensa para cerrarles la boca a sus detractores. Su única herramienta fue la pelota, su amiga de toda la vida, aquella que lo extrañará como nadie más en este mundo ahora que está retirado.

CAPÍTULO 4: Una historia de Fútbol

Por un amigo se hace cualquier cosa y por un amigo Román volvió a la Selección. Otra vez con la celeste y  blanca, Alfio Basile convenció al 10 de Boca para que se ponga la de Argentina y juntos formaron un equipo que maravilló a todos en la Copa América del 2007. Para muchos la mejor Selección Argentina de los últimos tiempos.  Messi, Tévez, Riquelme, Veron y Ayala conformaron un equipo tremendo que perdió la final contra un Brasil que, de contrataque, liquidó a una selección que para muchos pecó de ultra ofensiva.
Lamentablemente aquel certamen americano fue el pico de rendimiento de la selección del coco. Basile nunca pudo recuperar al grupo luego de aquella derrota que caló hondo en el mundo del futbol. Un Brasil jugando como un equipo chico venció a una Argentina ofensiva, lujosa y de estrellas.

La última alegría de Román con la celeste y blanca fue en los juegos olímpicos del 2008. Los rivales, salvo Brasil, no tenían gran jerarquía pero poco importó a la hora de ver todo lo que pudo llegar a darle a la Argentina la dupla Riquelme-Messi. Román jugó con Maradona y con Messi pero con el 10 del Barcelona de Guardiola fue con quien se entendió de maravilla tanto en la Copa América como en la conquista de la Medalla de Oro en Beijing. Lamentablemente, el bajo nivel de juego del equipo en general durante las eliminatorias impidió que aquella dupla diera todo lo que podía dar.


Sus 30´ Román los pasó con la camiseta de Boca. Las lesiones crónicas lo fueron alejando de su mejor nivel. Sin embargo, tanto en el título del 2009 como en el del 2011 el 10 fue más que importante y marcó diferencias mientras estuvo activo. El mejor Román de esta última etapa lo consiguió Julio Falcioni en la Libertadores 2012. En aquel certamen Boca perdería la final contra un gran Corinthians que luego se consagraría Campeón del Mundo frente al Chelsea.
El 10 se fue, por Bienchi volvió, se fue de nuevo y se lo extrañará por siempre. No me he olvidado de sus peleas con Palermo, su segunda renuncia a la selección y su pelea con Maradona, sus diferencias con Pellegrini y Falcioni y sus desencuentros con Angelici, pero la historia de Román es una historia de fútbol y de amor por la pelota. También, porque no, es una historia de amor por los colores. Amor no solamente por los colores de Boca, sino también por los colores de Argentinos. El hincha genuino siempre lo respetó y a pesar de estar muy vinculado con Boca los simpatizantes del bicho lo cuidaron y lo disfrutaron tanto como cualquier otro en su último torneo como jugador profesional. Así fue como Riquelme se retiró como debía retirarse, con gloria. Gracias al eterno 10 de Boca, Argentinos está otra vez en la primera división.


De Juan Roman Riquelme podrá decirse muchas cosas pero lo que es incontrastable es que su historia es una historia de fútbol.  Desde que aquel negrito flaquito tomo la numero 5 comenzó a formar a toda una generación de futboleros, los riquelmistas. Los riquelmistas siempre seremos riquelmistas hasta los huesos. Nuestro sentimiento no descansa en un partido político ni en la filosofía siempre cambiante de algún cantante de rock, lo nuestro es puro como el futbol: Riquelme y la pelota, Riquelme y la 10, Riquelme y la magia de sus jugadas impensadas, la alegría de verlo en el campo, la pelota pasando por sus botas y ese sentimiento de que “la tenés vos”  que se siente en el pecho y explota en la garganta. Imposible no llorar al escribirlo, imposible no llorar de emoción al recordarlo. Gracias D10S por todos los segundos que estuviste dentro de una cancha.


Por Pablo Ruybal
pablomruybal@turealidadparalela.com

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